Madrid desde mi balcón

islaharper.balcon

 

Hay días en los que te gustaría ser invisible. Días en los que todo te sale mal y desearías no levantarte jamás. Ayer fue uno de esos días pintados de negro en el calendario. Comenzó con una carta certificada para la que nunca estás preparada. Suelen estar llenas de palabras incomprensibles y, al final, de una cifra en negrita acompañada de una cuenta bancaria.

La enviaba el administrador de mi abuela. Al parecer, durante el último año olvidó pagar los recibos de la comunidad. El resultado es una deuda de 1.500 euros, más otros 1.000 por los gastos extra de una reparación en el tejado.

Quise morirme, pero justo en ese momento me llegó un desagradable olor de la cocina. Desde el fondo de la olla las lentejas luchaban por sobrevivir a una quemaida. Apagué el fuego y me derrumbé en el suelo, sintiéndome totalmente miserable. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que volví en sí, con el reloj marcando las tres y media.

Tenía media hora para cambiarme de ropa y salir corriendo en dirección al metro. Tarde diez minutos en llegar hasta Goya y bajar corriendo las escaleras de tres en tres. Aunque el vagón estaba hasta los topes encontré un asiento vacío junto a un señor barbudo. Saqué mi libro y me relajé durante unos minutos… hasta que descubrí el misterio del asiento vacío. Primero llegaron unos golpeteos en la pierna. ¿Un tic involuntario? Luego, una letanía de palabras incompresibles de las que fingí no hacer caso. Hasta que comenzó a subrayar con su dedo mugriento cada párrafo de mi libro… Definitivamente, tengo un imán para atraer a todos los psicópatas del transporte público madrileño.

En la librería las cosas no fueron mucho mejor. Mi jefa me recibió con una mirada acusatoria y me envió directamente a la caja registradora. Con los nervios comencé a cometer fallos con el datáfono. A un señor le pasé la tarjeta dos veces. A otro le cobré una edición carísima al precio de una de bolsillo. Tampoco faltaron los clientes tocapelotas: el niño que te pregunta con prepotencia: “¿Has leído todos los libros de esta librería?, ¿no? ¿Entonces por qué trabajas aquí?”. Y la señora que te echa en cara el precio abusivo de un bestseller, mientras amenaza con descargárselo de internet y escribir una carta al periódico.

Por lo demás, la jornada terminó entre libros de vampiros y una reprimenda de mi jefa, tras contabilizar un más que evidente descuadre en caja. Cuando por fin llegué a casa lo primero que hice fue descalzarme y buscar una botella de vino. Abrí el balcón y respiré hondo. Las vistas eran las de siempre: los tejados plagados de antenas y la gente en la calle, pequeñas piezas de una maqueta interminable.

Ver el mundo desde arriba siempre ayuda a poner las cosas en perspectiva. Con un poco de suerte mañana todo sería distinto. El sol golpearía en mi ventana y el cartero me sorprendería con la postal de una amiga. Mañana sería un buen día para levantarse y demostrar que, por mucho que el mundo se empeñe en tocarme las narices, yo voy a estar ahí. Tomando una copa de vino en mi balcón, mientras veo anochecer en Madrid.

 

+English

Madrid fron my balcony

We all have some days when we wish we were invisible. Days where everything can go wrong and we would rather stay in bed and never get up. Yesterday was one of those dark days on the calendar. It all started with a certified letter I wasn’t ready for. They are usually full of unintelligible words and, at the end, a set of figures written in bold together with a bank account number.

It was sent by my grandma’s administrator. It seems that she must have forgotten to pay the residents association bill for a year. The result is a debt of 1,500 euros, plus 1,000 more for the extra expenses in the repairing of the rooftop.

I felt like dying, but in that precise moment an unpleasant smell came from the kitchen. From the bottom of the pan the lentils were fighting for survival. I turned off the cooker and broke down on the floor, feeling completely miserable. I don’t know how long I laid down for until I came to my senses, but the clock was striking half past three.

I had half an hour to change my clothes and storm out towards the underground. It took me ten minutes to get to Goya station and flew down the stairs three at a time. Even though the carriage was really crowded I found an empty seat next to a bearded man. I took out my book and relaxed for a few minutes…until I figured out the mystery of the empty seat. Firstly, I felt a tapping on my leg. An involuntary tic? Then, I pretended not to listen to a long string of incomprehensible words. But then he started to underline with his filthy finger every paragraph on my book…

Definitely, I’m like a magnet for phsychos in Madrid’s public transport.

In the book store things didn’t work out any better. My boss received me with a an accusatory glance and sent me straight to the cash register. I was so nervous I started to make mistakes with the dataphone. I swiped a man’s credit card twice. I charged a very expensive edition for the price of a pocket edition to another man. I also had a collection of unpleasant customers: a boy asked me arrogantly: “Have you read every single book on the shelves?, Didn’t you? Then why are you working here?”. Another lady reproached me the exorbitant price of a bestseller while she threatened me of downloading it from the internet and writing a letter to the newspaper.

Furthermore, the work day ended among vampire sagas and a telling off from my boss, after realising the accounts didn’t tally at all. When I finally got back home, the first thing I did was take off my shoes and look for a bottle of wine. I opened the balcony and breathed deeply. The views were the same as usual: the rooftops were riddled with antenae and the people in the street seemed to be little pieces in an endless miniature.

Watching the world from the top it always helps to put things into perspective. With a little bit of luck tomorrow will be a different day. The sun would strike my window and the postman would surprise me with a friend’s postcard. Tomorrow would be a good day to get up and show that, even though the world wants to bother me, I am still here. Having a glass of wine on my balcony while I watch the sun going down in Madrid.

13 Comments

  1. Duna
    1 año ago

    Me lo había perdido!!! Estos sustos en sobres certificados no ayudan a afrontar el día… Espero que poco a poco todo vaya mejor que seguro que con las vistas se te ocurrió alguna idea brillante!! Y a los niños tocapelotas ni caso!!! Un besiiin yo si quieres te mando una carta llena de color, que me encanta hacer intercambio!!!

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      Muchas gracias Duna! Tengo que probar lo del scrapbooking como terapia de relajación…

      Reply
  2. Ana Keys
    1 año ago

    Esta entrada me ha recordado a mi yo de un año, a cómo después de un día de agobios me desahogaba llorando en mi balcón, mirando el horizonte. Tenía la suerte de vivir en un noveno, cuando el resto de la ciudad apenas pasaba de los 6 pisos, y en el fondo me sentía con suerte, con la suerte de poder ver desde mi ventana todo desde otra perspectiva, la ciudad y la vida. ¡Un beso!

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      Nada como salir al balcón para ver las cosas desde otra perspectiva, Ana 😉

      Reply
  3. Brenda
    1 año ago

    ¡Réquiem por las lentejas! Espero que tu semana haya mejorado desde entonces. Comparto plenamente esa necesidad de buscar “cables a tierra” cuando los días se hacen cuesta arriba. Pero al fin y al cabo, hay que tener fe de que todo mejorará tarde o temprano =) Aprovecho para felicitarte por tu página. Tus andanzas madrileñas me traen muy buenos recuerdos.

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      Es lo que ocurre con los guisos de cocción lenta, Brenda. Un despiste y la cazuela termina en llamas. Por lo demás, parece que todo va un poquito mejor. Un abrazo!!

      Reply
  4. Mandy Books
    1 año ago

    Aiii pues si, hay dias que mejor no salir de la cama… te entiendo totalmente. Espero que el siguiente fuera mejor y que soluciones pronto tus problemillas… en el curro… yo también era cajera y odiaba totalmente la hora de cerrar para ver cuanto me descuadraba… arg! que rabia!

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      El datáfono es mi peor pesadilla. A ver si le pillo el tranquillo pronto o me veo en la cola del paro…

      Reply
  5. Rocío de Catpeople
    1 año ago

    Hola Isla, te comprendo tanto. También hoy he tenido un día de perros, desde antes que me sonara el despertador… ¿sabes que hoy es el día de la Marmota no? yo sólo espero que no se repita… ahora me voy a clase de guitarra, que va a ser lo que para ti la copita de vino y el balcón. Necesito un descanso, también de mí misma.

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      ¿Guitarra?, tenemos que quedar un día para que me enseñes unos acordes. Bss!!

      Reply
      1. Rocío de Catpeople
        1 año ago

        Estoy aprendiendo desde cero a mis treinta y … todavía me suena como una cascarria pero la verdad que me carga de energía porque desconecto tanto del runrún cerebral contínuo 🙂 Pero te tomo la palabra, yo si tienes balcón me conformo, ¡que en mi casa sólo tengo una ventana!

        Reply
  6. MiryamArtigas
    1 año ago

    Además de las vistas de la ciudad, quizá te vendría bien hacer una escapada a algún sitio cercano y olvidarte de todo lo demás. A mi me encanta hacerlo 🙂

    Reply
    1. islaharper
      islaharper Author
      1 año ago

      Voy a hacerte caso, Miryam, necesito una escapadita al campo ya!!

      Reply

Deja un comentario