La crisis de la caldera

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Lo confieso. Hace tres días que no me ducho. Y no porque sea una cochina, el problema es que he estado demasiado ocupada en una maratón de novela negra y “pijaming”.

El guardián invisible  -primer éxito editorial de Dolores Redondo- me tiene completamente atrapada. Mientras viajo con la inspectora Amaia Salazar por el Valle del Baztán conecto con mi yo más crítico. Si de repente entrara en casa un psicópata probablemente se daría la vuelta: en vez de una jovencita atractiva encontraría a una abuela envuelta en una bata sucia. Y eso no mola.

Así que tiro el pijama acartonado en el suelo, me quito la pinza que sujeta el pelo “pantojero” y me meto en la ducha. Justo en el mejor momento, cuando mi piel comienza a fabricar fideos, escucho un carraspeo como de señor mayor. Entonces noto un escalofrío en los hombros y el baño turco -con sus vapores  y aceites esenciales- se transforma en un spa siberiano.

Con los ojos llenos de espuma intento llegar a la cocina.  En el camino tropiezo con el cubo de la fregona y el agua forma un charco. Levanto la tapa de la caldera y las dos gritamos a la vez. Ella, por sentirse violada. Yo, por mi mala suerte. Como en Anatomía de Grey el piloto rojo se apaga. El paciente está muerto y yo, muerta de frío.

Enseguida pienso en buscar a un técnico, pero todavía no tengo wifi y el edificio parece completamente vacío. Mi casa es una colchoneta en medio del océano y yo, una imbécil indocumentada sin páginas amarillas.

Entonces pienso en mi abuela y en su habilidad para salir  airosa de cualquier situación. ¿Qué haría ella? Pues está claro: abrir el cajón de los cubiertos y consultar su viejo listín telefónico. En la erre encuentro a “Ricardo Caldera” escrito con letra redonda de escuela. ¿Seguirá todavía en activo o estará jugando a las cartas en una residencia?

Al otro lado de la línea descubro la respuesta. Ricardo, vecino de Lavapiés, se ha transfigurado en un ciudadano búlgaro pero sí, está disponible y puede pasar por casa el viernes.

Todavía existen  los milagros.

 

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The boiler crisis

I confess. It’s been three days since I last had a shower. And this is not because I’m a pig, the problem is I have been really busy with a crime novel and “pyjaming”.“El guardian invisible” –first Dolores Redondo editorial success- got me completely hooked. While I’m traveling with the inspector Amaia Salazar around Baztan Valley I connect with my most critical self. If a psychopath suddenly broke into my home he would probably run the other way: instead of a young attractive lady he would find an old granny wrapped in a dirty robe. And that’s not cool.

So I throw my cardboard like pyjamas to the ground, I remove the hair clip which holds my flamenco singer chignon and I go straight into the shower. Just at the best moment, when my skin starts producing noodles, I hear an old man’s gasp. I feel a shiver down my spine and the Turkish bath –with its steam and essential oils- turns into a Siberian spa.

With my eyes full of bubbles I try to reach the kitchen. On my way I bump into the mop bucket and the water forms a pool. I raise the boiler’s cover and we both scream at the same time. Her, because she feels violated . Me, because of my bad luck. Just like in Grey’s Anatomy the red light turns off. The patient is dead and me, cold till death.

I instantly think about searching for a technician, but I still have no wifi and the building seems to be completely empty. My home is an airbed in the middle of the ocean and me, an imbecile without papers or yellow Pages.
That’s when I think of my grandma and her ability to succeed in every situation. What would she do? Well I think that’s crystal clear: open the cutlery drawer and check her old phone book. On the letter R I find “Ricardo Boiler” written with a school round handwriting. Is he still working or is he playing cards in a nursing home?

On the other end I discover the answer. Ricardo, Lavapies neighbour, has transfigured himself into a Bulgarian citizen but, he is available and he can pass by on Friday.

Miracles still exist.

7 Comments

  1. Carmen
    2 años ago

    jajaja, me encanta la historia, yo sin agua caliente no soy persona, me hubiera quedado tiesa, sin poder moverme. Aunque en casa, para ahorrar energía, sólo ponemos el termo por la noche, y ahí nos tenemos que apañar con el agua que haya, hay que gestionarla bien, aunque cuando toca lavarse el pelo…. va uno más deprisa. Me gustó mucho descubrir tus creaciones 🙂

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    1. islaharper
      islaharper Author
      2 años ago

      Bienvenida Carmen! Creo que desde que pasó lo de la caldera mi corazón tiene arritmias (por el susto, claro).

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  2. Lucía
    2 años ago

    Buff, no hay nada peor que una ducha de agua fría, y más cuando no te las esperas. La mía tiene una peculiaridad y es que si te estás duchando y sin querer cierras el agua y la vuelves abrir, ya no sale caliente como hace un segundo sino helada. Un misterio…

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  3. Bajo mi paraguas
    2 años ago

    Pues me vas a perdonar pero me he reído un montón con tu “percance” con la caldera. Lo has descrito tan bien que me he visto a mí misma, años atrás, cuando se terminaba la botella de butano a mitad de la ducha. Casi he sentido el mismo frío. La verdad es que entonces no me reía tanto, la verdad.
    ¡Genial! Un gusto leerte.
    Un beso.

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    1. islaharper
      islaharper Author
      2 años ago

      ¡¡Estás perdonada!! Por suerte encontré un técnico y ya está arreglado. Cruzo los dedos para que no vuelva a estropearse…

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  4. Ana Keys
    2 años ago

    Qué rabia cuando el agua decide ponerse fría a mitad de un baño caliente. Y más aún si te pilla con el pelo y el cuerpo enjabonados. Yo desde luego soy experta en conseguir que la bombona de butano se gaste justo cuando decido ducharme, siempre me toca a mí, pero tengo la suerte de que al grito de ¡MAMÁAAA! en menos de 2 minutos tengo agua caliente de nuevo. Tus anécdotas son la monda. ¡Un abrazo!

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    1. islaharper
      islaharper Author
      2 años ago

      Y eso que solo fueron unos minutos… Cuando veo esos videos de “hombres morsa” nadando en aguas heladas se me congela el cerebro.

      Tienes suerte de que tu madre te rescate en el último segundo. Yo por aquí, completamente sola ante el peligro.
      bss 😀

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