En tu fiesta me colé

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En teoría, la noche del 31 iba a ser una noche tranquila. Mientras la ciudad estallaba de alegría yo me conformaba con preparar marisco congelado y hornear en el microondas un mug cake  Justo cuando me disponía a chupar las patitas de un langostino escuché un golpe seco en la puerta. Alguien había dejado una cesta con un enorme lazo rojo. Entre botellas y latas de caviar, un tarjetón con nombre desconocido: Nadia Maxinova.

Aquí comienza el relato de mi extraña aventura en el Ático B:

Me calzo mis bailarinas y llevo el aguinaldo a su legítima dueña. Pulso el timbre y espero. Enseguida aparece una diosa de larguísimas piernas.

– Privyet. ¿La chica del caterring?

– Eh, en realidad no. Pero traigo esto…

Y sin que pueda explicarme me empuja por un salón repleto de obras de arte y mullidas alfombras. ¿Estoy en mi destartalado edificio o en una página a todo color del Vogue Decoración?

La rusa, que sigue pellizcándome el brazo, me deja en la cocina con una sonrisa pícara. Allí encuentro a un chico desgarbado colocando rollitos de sushi en una bandeja. Lleva una camisa mao con el nombre de la empresa, Catering Deneuve.

De nuevo surge el malentendido.

– ¡De p… m…! ¡A tiempo para servir el champán!

Quiero explicarme pero no me salen las palabras.

-¿Es tu primer día, verdad?- Me mira con comprensión, como si me conociera de toda la vida- Vamos a hacer una cosa. Nos tomamos la primera botella y luego salimos con las bandejas. ¡A darlo todo!

Me gustaría explicarle que estoy en el ático por error, que no me envía Catering Deneuve y que solo soy la chica del segundo ce. Necesito contarle los pormenores de mi vida. Que llevo poco tiempo en Madrid y que hacía mucho, muchísimo tiempo que no hablaba con nadie. Pero sobre todo, que el champán es mi criptonita. Que mi primera borrachera fue en Benidorm con un grupo de erasmus italianos. Y que bajo ningún concepto debo mezclarlo con otras bebidas o las consecuencias serán fatales.

En vez de eso nos bebemos una carísima botella mientras me cuenta su vida. Se llama Óscar. Por las mañanas conduce el taxi de su padre y por las noches hace trabajos eventuales como camarero. La historia de mi generación.

Luego salimos al salón. Óscar aguanta la bandeja con los dedos, como si no pesara nada. Yo la apoyo en el antebrazo y me digo que todo irá bien, siempre que consiga mantener el equilibrio. El champán vuela y en un par de horas todo el mundo está achispado. De repente, un dj comienza a pinchar viejos éxitos y el salón se convierte en una improvisada pista de baile. En cuanto a mí, la farsa ha terminado: Cenicienta debe regresar a casa.

Pero justo cuando estoy a punto de marcharme un grupo de chicas me agarra por la cintura. De repente soy el centro de atención. Quiero escabullirme pero mis nuevas amigas no están dispuestas a soltarme. Entonces comienzan a mezclar bebidas. Las burbujas del champán dan paso a la ginebra y, luego, a la contundencia del vodka. Alguien trae unos vasitos con trozos de lima. ¡Mierda, es tequila!

En la tele de plasma el reloj de la Plaza del Sol marca los cuartos. O eso creo, porque la música está demasiado alta.

“En la Puerta del Sol, como el año que fue, otra vez el champagne y las uvas…”.

A medida que aumenta mi euforia disminuye la inhibición. Ya no me siento yo: reservada, morena, tímida. Ahora soy habladora, rubia y chispeante como el champán.

Entonces me desdoblo y comienzo a hacer cosas raras. Aflojo mi pelo, desato la lengua y comienzo a bailar al ritmo de la música. Alguien agita una botella como si fuera un extintor.

¡¡7, 8 , 9…!!

Nadia se acerca sigilosa con una uva entre los dientes.

¡¡10, 11!!

Madre mía, creo que me ha besado…

¡¡12!! Entre tumbos, consigo llegar hasta el dj y le hago un par de sugerencias. En la fiesta más encendida de Madrid suena el Womenizer de Britney Spears. No tengo problemas para contonearme y cantar en la ducha. Solo que ahora ya no estoy sola. Delante de mí hay un auditorio de veinte personas entregadas a la actuación. Pero solo distingo a una. El tío más increíble que he visto a mi vida, taladrándome con la mirada.

Britney sabría cómo ponerle en su sitio:

“Womanizer, woman-womanizer
You’re a womanizer
Oh, womanizer, oh
You’re a womanizer, baby
”.

Pero no estoy tan borracha como para acercarme a él. O eso creo… Porque de repente, el suelo comienza a abrirse bajo mis pies. Por suerte alguien me coge entre sus brazos. No puedo verle, tan solo perderme en un susurrante “Feliz año nuevo”.

+English

I crashed your party

Theoretically, New Year’s Eve was going to be a quiet night. While the city burst out in joy I was getting acquainted with some frozen seafood and baking a microwave mug cake. Just when I was ready to suck on some prawn legs I heard a sharp knock on the door. Somebody had dropped off a basket with a huge red ribbon. Among bottles and tins of caviar there was a big card with an unknown name: Nadia Maximova.

Here begins the story of my odd adventure in Penthouse B:

I put on my Converse and I take the Christmas box to its rightful owner. I ring the bell and wait. A godess with very long legs appears right away.

-Privyet. Are you the catering girl?

-Eh, not really. But I brought you this…

And without having the chance to explain myself, she pulls me in through a living room full of art work and fluffy carpets. Am I in my old, run-down building or on a full colour page of Vogue Living?

The Russian girl, still pinching my arm, leaves me in the kitchen with an impish smile. There I find an ungraceful boy who is placing sushi rolls on a tray. He wears a mao shirt with the name of his business, Catering Deneuve.

Yet again the misunderstanding carries on.

-F.. yeah! Just in time to pour the champagne!

I want to make some sense but words fail me.

-This is your first day, isn’t it?- He looks at me with an understanding face, as if he really knew me- Let’s do something. We can have the first bottle and then we go out with the trays. We are going all-out!

I’d like to explain him that I’m in the penthouse by mistake, that I wasn’t sent by Catering Deneuve and I’m just the girl from the second floor. I need to tell him the ins and outs of my life. I want to tell him it’s not been that long since I have been living in Madrid and that it’s been a long time, very long time, since I last spoke to someone. But above all, I should mention that champagne is my kryptonite. That my first drunken night was in Benidorm with a group of italian erasmus students. And also that, under no circumstances, must I mix my drinks or the consequences would be terrible.

Instead of that we drink a very expensive bottle while he describes his own life. His name is Oscar. He drives his dad’s taxi in the mornings and at night he does short-term jobs as a waiter. My generation’s fairy tale.
We then go out to the living room. Oscar holds a tray on his fingers, as if it weights nothing. I rest it on my forearm and tell myself that everything is going to be ok, that is if I can keep my balance. Champagne disappears and in a couple of hours everybody is tipsy. Suddenly, a dj starts playing some old hits and the living room turns into an improvised dance floor. As for me, the act is over: Cinderella must come back home.

But just when I am about to leave a group of girls grabs my waist. Suddenly I am the focal point. I try to run away but my new friends are not willing to let me go. That’s when we start mixing drinks. Champagne bubbles give rise to gin and, then, the strength of vodka. Someone brings some little cups with slices of lime. Shit, it’s tequila!

On the plasma TV the clock on Plaza del Sol strikes the last 15 seconds. Or that’s what I think, because the music is so loud.

“En la Puerta del Sol, como el año que fue, otra vez el champagne y las uvas…”.

At the same time my elation rises, my inhibition decreases. I don’t feel like myself: reserved, brunette, shy. I am now talkative, blonde and bubbly like champagne.

I then split into to and I start acting weird. I let my hair and my tongue loose and I start dancing to the music. Someone shakes a bottle like a fire extinguisher.

7, 8, 9…!!

Nadia comes stealthily towards me with a grape in her mouth.

10, 11…!!

My god, I think she just kissed me…

12!! Bumping around, I reach the dj and make a couple of requests. In the most flamable party in Madrid, Britney Spears’ Womenizer is played. I don’t have any trouble swinging my hips and singing in the shower. But I am not alone now. Just in front of me there is an audience of twenty people dedicated to the performance. But I can only tell apart one of them. The most unbelievable guy I have seen in my life, drilling me with his gaze.
Britney would know what to say to him:

“I know what you are. You are a womenizer”.

“A womenizer, baby”.

But I am not that drunk to get closer to him. Or that’s what I think… Because suddenly, the floor opens under my feet. Luckily someone takes me in its arms. I can’t see him, I just get lost in a whisper “Happy new year”.

3 Comments

  1. Rocío de Catpeople
    1 año ago

    ¡Oye me vas a decir a mí que sin salir de casa te esperabas ese planazo! Suena muy divertido tu fin de año el mío fue mucho más tranquilo sin rusas ni DJs 🙂

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  2. MiryamArtigas
    1 año ago

    Ooooh! ¿Y que pasó luego? ¡Quiero saberlo! 🙂
    ¡Feliz año nuevo!

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  3. Ana Keys
    1 año ago

    ¿Qué puede salir mal con “Womanizer” y “Un año más sonando de fondo”? Ojalá esa fiesta sea sólo un pequeño adelanto de lo que te espera en tu aventura por Madrid. ¡Un abrazo!

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